"CUERPOS Y CAMBIOS DE TEMPORADAS"


Si hay algo que nos iguala en la vida es el momento del nacimiento, todos lo hacemos desnudos. Nos desprendemos de la placenta y nos quedamos con nosotros mismos, al menos, durante los minutos suficientes hasta que nos envuelven en mejores o peores paños según el pedigrí con el que nos apellidemos y la casa que nos espera. A partir de ahí, somos cuerpos, somos piel, somos mutantes en tamaño porque lo son nuestros huesos que van creciendo y nos cambian haciendo de nosotros seres únicos aun queriendo imitar a otros creyéndolos perfectos. ¿Y qué es la perfección?, ¿Quién es más alto/a o más bajo/a?, ¿Quién más gordo/a más delgado?, ¿Quién es más guapo/a? Es evidente que todo es relativo: si pesas cien kilos y a tu lado, a otro la balanza le marca ciento diez, el de la centena saldría ganando y así con todo lo aplicable a esas reglas marcadas, que no escritas, por la sociedad y tan cambiantes como el clima. La medicina da unas pautas de salud en estos casos que sí pueden servir como parámetros de control pero, en ningún momento, se acerca, ni por asomo, a esas medidas anticuadas del 90-60-90 que servían para catalogar los esqueletos femeninos hace unas décadas, liberando al hombre de ese sometimiento y castigo cuando se le exigía a la mujer.

Demasiado culto al cuerpo, demasiada artificialidad para tapar nuestras imperfecciones y complejos y relacionados sólo con la imagen que transmitimos o deseamos para ocultar vacíos a los que no podemos vestir tan fácilmente con una capa o un sayo. 

La vida es caprichosa y es la que elige por ti. Somos únicos, pero, paradójicamente, somos variantes de nosotros mismos. Los cuerpos siguen su camino, su destino a pesar de tus cuidados estéticos y, a ellos, han de ir amoldándose tu mente y tu inteligencia o estarás perdido en ese trayecto imposible sin esa necesaria adaptación. Si has tenido la fortuna de venir al mundo con todos tus órganos y sano, es posible que te vayas quedando sin alguno de ellos por ese camino largo que son los años y tu salud. Ahí es donde tu mente tiene o no la solución para saber si es el fin o sólo una ausencia más de las muchas que sobrevendrán. Las cicatrices las tienen el cuerpo y el alma y, esta última, aun siendo invisible, es la que marca tu supervivencia, el saber gestionar lo que te ha pasado a ti, sin que te duela lo que vean los demás en ese cuerpo mutilado que no te ha quitado sino que te ha concedido más tiempo para seguir por aquí. Somos un cuerpo al que le afectan los cambios de temporadas, hemos de adaptar nuestros armarios modificándolos según los inviernos fríos en busca de nuestro propio calor para adaptarnos a esas alteraciones bruscas, inesperadas que son las que sí deciden tus nuevas medidas y capacidades mentales para sobrellevar lo que te ha tocado y dándole la importancia justa y necesaria que tienen. No llorar por lo que te falta sino alegrarte por lo que aún permanece. En definitiva, somos mucho, mucho más que un cuerpo, este es sólo un traje que debe ir ajustándose a lo que nos pase aunque no nos pasara nada porque siempre pasa y lo más importante es saber lo que te está pasando a ti, pasando de lo que el resto vea de ti y no en ti.


Comentarios

  1. Eres fuerte. Y sigues siendo bonita. Leyéndote hoy lo demuestras.

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  2. Precioso, Moby!!! Gracias por hacernos conscientes!!! Un besazo para ti!! ❤️❤️

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    1. Miles de besos para ti y tu maravillosa familia, vecina querida!!!

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  3. Tú vales muchísimo en todos los sentidos!
    Un abrazo querida Moby!

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  4. Claro que sí. Quién dijo miedo!!
    ( Nicasia)

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  5. Precioso prima!!!!!

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