"NO TE DEMORES, MUJER"
Con la mano abierta y el puño cerrado la recibió esa tarde. Un monólogo de golpes caía sobre ella. Sólo el cansancio lo paró. Maltrecha, sangrante, sin aliento ni balbuceos se incorporó. La cena no esperaba; no soportaría una segunda sesión si la mesa no la vestía con platos aderezados con tanto dolor y sus lágrimas sazonanando ese consomé. El pescado, como ella; dejaron de ser peces libres en el mar y, ahora, los devoran sin recuerdos ni piedad. Su rostro despertó, ella no durmió, y no se reconocía en el espejo. No bastaría el maquillaje, su piel hinchada no lo disimularía. El miedo a ese salir desnuda, sin más vestimenta que un color, la aterraba. Tantos años disfrazada de felicidad volarían en las calles y en las miradas cercanas, conocidas, familiares sin excluir a las ajenas. Lo que nadie vislumbraba era lo más trágico. Su aspecto no era más que la punta de una maldita estrella. Su cuerpo destrozado, vejado: roto, se negó a contarlo. Sus terrores la paralizaban, pero, ...