"LOS PADRES DE MARI CARMEN"
Antes de irse, prepararon una vida en paz para su única hija recién terminada esa guerra fraticida entre tantos muertos. Pero, se equivocaron al creer que había acabado, sólo la pausaron entre cortinas para los que la comenzaron y, visillos, para los débiles. Creyeron que su hija conocería los puentes sólo por arriba, jamás por debajo; su techo la cubriría hasta ese final cuando le llegara su hora. Ayer, sus huesos debieron sentirse en cunetas, sin memoria de sus vidas y sus deseos al despojarla de su legado que tan cuidadosamente había mantenido mes a mes sin olvidar una sola mensualidad desde que ella vivió como inquilina en solitario. De una pensión más que merecida, un tercio lo dedicaba a pagar sus metros cuadrados. Pero, esa paga se convierte en irrisoria si la pretenden multiplicar por cuatro, los números bailan en llanto y, a sus 87 años, la calle o la caridad son sus únicas paredes. Cuando la ruindad va más allá de los buitres, la carroña se hace con el poder...