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"ESE RINCÓN DEL MAR AGONIZANTE"

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  Miro el sol augusto abrasador, ciega, y andas a tientas deslumbrada. Evito suelos y paredes, antes de adoquines y piedras. No paseo, ando. En la sombra, se hace visible mi evasión. Demasiado estrechas para escapar. Y ahí están los motivos: laterales y pisadas rebozadas en la suciedad y dejadez de quién ve sólo barrios antiguos y vecinos abandonados. Lugares expuestos a subir ese nivel de indolencia y que mueran y renazcan en las zapatillas de nuevas solerías, ventanas y todo lo que la haga joven y atractiva. Antes, imprescindible eliminar los restos de ese naufragio por el que los cruceros no pisan hogares de momento, sólo ruinas.  Vecinos en alerta roja tiemblan. No serían los primeros expulsados de sus rincones, de aquellos en los que nacieron bisabuelos que acogieron a sus descendientes con una renta a su alcance hasta que llegaron los sin corazón en la izquierda y su cartera perenne en la derecha.  Van quedando pocas fincas que respiren apellidos de la misma sangre....

"UNA FRASE..."

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                                                  ¡¡¡ASÓMATE A LA VIDA Y SUMA...!

"HISTORIA DE OTRA ESCALERA..."

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Buero Vallejo creó vecinos en torno a una escalera y  Camilo J. Cela dio vida a una Colmena enraizando historias de perdedores de mucho llanto y mucha hambre. Supervivientes en ambos escenarios que, como el telón, subía y bajaba en los actos que cerraban y abrían momentos de cambios.  En mi teatro particular, mi cuerpo era pequeño, mis piernas cortas acordes con mi edad de aún sin uso de razón catequista; sin alas visibles, escondidas entre secretos de sueños por venir: volaba. Y era real. Me merendaba escalones de tres en tres hasta la torre que era mi azotea. Era yo un peso pluma, ligero, fácil sin llamar a los vientos..., yo volaba. El descendimiento lo hacía sin apenas tocarlos; al trote, sin asirme a barandilla, en silencio. Era tal el entrenamiento y mi pasión por conseguir la mejor marca que me postulaba para el más difícil todavía: Bañeras sin centrifugado con más agua que ropas las elevaba con esa velocidad y conseguía el podium de nuevo. Fui plusmarquista hasta que l...

"ESE CAJÓN..."

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  Y el cajón que nunca quería mostrar su corazón, lo encontré abierto, vacío, sin latidos, en parada. Estaba frío...; quizás, más de una docena de horas pasó antes del suceso. Lo dejé abandonado a su suerte, sin pensar en si sería bueno o..., en fin, estaba solo en sus últimos momentos y no había notas para mí. Su labor y destino consistían en ser el guardián de palabras, de todas las que yo desechaba, pero que, a veces, echaba mano de ellas en algún apuro de quedarnos en blanco el papel y yo. Por aquel entonces, él se hacía traslúcido y me mostraba su intimidad a través del madero que era la pared entre los dos. Nos acostumbramos a ser invisibles, me bastaba su misión bien cumplida. Quizás, temía gastar letras y no tenerlas al buscarlas para mi uso y disfrute. Bajo el mismo techo, sí, pero sólo yo gozaba de libertad de abrir y cerrar, entre abrir o a medio cerrar cualquiera de los otros espacios comunicados y permeables. El suyo era estanco, así nació, creció..., sólo, al final, u...

"POEMA: LA MUERTE, IMPOSIBLE SIN LA VIDA"

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La tibieza de su boca delataba besos recientes. Un rictus de amor marcaría su eternidad. El cuello quedó adornado de pañuelos de vientos que escondían marcas prohibidas y confidentes de pasiones. Sus pechos violetas y su torso se enfriaron en la gélida soledad de un amanecer adelantado. Desnuda de cuerpo y de esperanzas, aún soñaba con cerrar sus ojos tan abiertos, tan dormidos. En ese tránsito, el sueño desapareció, La muerte no existe si no hubo vida, si no naciste, si no lloraste. Vivió: el final era inevitable.

"CUANDO ERES MUY FELIZ"

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Desde que conocí la fecha, el corazón, el mío, la felicidad ya había echado la carta al buzón de la alegría. Mi casa comenzó a vestirse de fiesta y nos fuímos de compras a las tiendas de la imaginación; no fue necesario salir de casa; todo estaba en nosotros, sólo había que abrir puertas con esa llave que me llamaba y abriera rincones infantiles que nunca estrené en estos metros, pero recordaba que no olvidé en esa mudanza, me los traje por si algún día tenía la suerte de recuperar esos momentos que me perdí por dedicarlos al trabajo y otras prioridades que nunca lo fueron. Y tiré la casa por la ventana en dar todo el amor que guardaba para ellos. Un timbre acorde con el momento cantó melodías de gloria. Por fin, empezaba el cuento que escribiría para ellos y para mí. Desde la casapuerta, oí a Dada: ¡Nana! y a Javi: ¡hola!. Cada escalón nos acercaba más al abrazo, los muchos besos y achuchones. Sus padres y la tita Carmela me los trajeron para mí.  Cuartos de sorpresa los esperaban...

"DIEZ AÑOS HACE Y UNAS HORAS..."

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No fue la soledad; la compañía excesiva de fantasmas cerraba el círculo de escape. Caminos de ida y vuelta reglamentarios eran manifiestos de una profunda agorafobia. Cualquier intento de alterar la ruta significaba andar sobre la nada, sin norte, sin destino. Seis horas disfrazada de normalidad no engañaron; a mí, tampoco. Ser sin ser es estar en un precipicio demasiado llamativo a la vista y a la razón. La ceguera no entiende de claridades artificiales y los vacíos te reclaman que los acompañes. No vestían sábanas blancas ni volaban ni se escondían. Al sonido de mi llave girando, no faltaba nadie a pesar de que no eran nadie. Me robaron el sueño; los sueños se fueron antes. Mis párpados quedaron abiertos a esa noche continúa; las pestañas caían como en un otoño donde la lluvia las derriba. Era primavera, decían por ahí. Los días, en esos tiempos, eran postales fijas de un duro invierno interminable. Mi cuerpo pronto levitaría también; me tildaron de anoréxica las malas lenguas..., no...