"CHOCHO: NOÑO, CADUCO, CHOCHO"
A mediados de los años sesenta, las viviendas se vestían con oscuridad de muebles robustos, muy marrones, sillas de nea y la imprescindible mesa camilla. Los accesorios se contaban por unidades según miembros de la familia y más fotos de los que se fueron que de los que quedaron. Los huecos habitaban las alcobas: cama, armario y crucifijo.
El aparador guardaba los cuatro tiestos de cocina y alguna botella de anís por si alguna visita llegaba. Los libros no ocupan lugar, el saber estaba en las experiencias y no por escrito. En casa, el frigorífico tardó en venir, pero la enciclopedia Espasa Calpe lucía más que un adorno, era un arma de trabajo para todos. En casa, siempre hubo libros y lectores activos.
Una amiga cercana, mucho, prosperó en mejoras para la casa: cortinas, nevera, sillas a juego, mesas de comedor y hasta un mueble con baldas que exiliaba a ese aparador que acaparaba cualquier adorno que pasara por ahí. No había libros, ninguno que se asentara en ese espacio. Finalmente, decidieron que los de texto serían suficientes y lucirían como una biblioteca de verdad. Un día, ya en primer curso de bachiller ( entonces llamado elemental), la profesora explicó la importancia de tener un diccionario propio donde buscar toda palabra de la que no conociéramos su significado. Por aquel entonces, era el Everest el más apropiado para nuestra edad y suficiente para ampliar despacio nuestro vocabulario.
Presencié su primer contacto familiar en aquella casa con el libro extraño donde no se contaban historias, sólo palabras y su definición. Eran mucho del vocablo ´shosho´ y fue unánime la decisión de buscarla en ese manual a ver qué contaba sobre él: en la decepción también la unanimidad habló por todos, sólo tres palabras, sin ninguna más explicación, hallaron en su encuentro: ÑOÑO, CADUCO, CHOCHO.
La incredulidad saltó por los aires y detrás de ella, el diccionario. La primera en protestar fue la abuela que se sintió más caducada aún; el segundo, el hijo menor que, tras una segunda búsqueda, ya aprendieron qué significaba ´ñoño´y se sintió simplón. El resto era femenino y, aceptó que le correspondiera por ser mujeres y que ese librito las valoraba en su buen decir constante de SHOSHO para comunicarse entre ellas. Lo de PISHA lo dejaron para otra ocasión; no estuve presente cuando ocurrió...
Pd: HE CONSULTADO EL DICCIONARIO AHORA Y SON MUCHAS LAS ACEPCIONES SOBRE ESTE TÉRMINO: ZONA PÉLVICA FEMENINA, ALTRAMUZ (ENTRE LOS SUSTANTIVOS), ... Y SE ADJETIVA, A MODO DE INTERJECCIÓN/APELACIÓN A LA MUJER POR EL FORMATO DE LA LEGUMBRE CON AQUELLA PARTE ÍNTIMA... PERSONALMENTE, ME QUEDO CON NUESTROS ILLA/ILLO.

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