"CHOCHO: NOÑO, CADUCO, CHOCHO"
A mediados de los años sesenta, las viviendas se vestían con oscuridad de muebles robustos, muy marrones, sillas de nea y la imprescindible mesa camilla. Los accesorios se contaban por unidades según miembros de la familia y más fotos de los que se fueron que de los que quedaron. Los huecos habitaban las alcobas: cama, armario y crucifijo. El aparador guardaba los cuatro tiestos de cocina y alguna botella de anís por si alguna visita llegaba. Los libros no ocupan lugar, el saber estaba en las experiencias y no por escrito. En casa, el frigorífico tardó en venir, pero la enciclopedia Espasa Calpe lucía más que un adorno, era un arma de trabajo para todos. En casa, siempre hubo libros y lectores activos. Una amiga cercana, mucho, prosperó en mejoras para la casa: cortinas, nevera, sillas a juego, mesas de comedor y hasta un mueble con baldas que exiliaba a ese aparador que acaparaba cualquier adorno que pasara por ahí. No había libros, ninguno que se asentara en ese espacio. ...