"DE CUANDO FUERON ´FIESTAS TÍPICAS GADITANAS´..."
El general-ínfimo decretó por orden y sin gracia de su voluntad absoluta prohibir la palabra CARNAVAL. Y era tan cortito de mente, de cuerpo y demente que debió ignorar que la iglesia católica (apostólica y romana) decidió muchos siglos antes que serían unos días de asueto para cristianos (al estilo de los romanos) previos a la cuaresma y a su férrea celebración. Era la luna la que marcaba fechas según tamaño. Cuando se mostrara plena (cuarenta días a partir del final de esos días carnales) coincidiría con la semana de pasión. El Paquito de la larga cuarentena se saltó todas las pautas de espacio y tiempo del calendario religioso e impuso que esos ya no carnavales se llamarían "fiestas típicas gaditanas" y desterró a febrero eligiendo a junio porque le dio por ahí... Mientras el resto del mundo las mantenía en su fecha natural, él trastocó los tiempos porque "España era diferente".
Y, más de medio siglo después de que se fuera, ya sin disfraz, a esos infiernos que tanto se ganó en vida quitando la de inocentes, sus malas hierbas están brotando con ese odio que plantó con raíces podridas y nunca murieron. El cambio climático es la consecuencia de su maldad envenenada que regó a golpe y golpe de sacas nocturnas después de esa guerra y peor posguerra en la que aniquiló sin juicios ni justicia.
Fue el mayor negacionista de la inteligencia. Su respuesta a su ignorancia siempre era por la gracia de dios (y desgracia nuestra). Fue un mal hombre (o lo que fuera...) de baja estatura y autoestima, que buscaba la gloria entre hazañas subido a plataformas para disimulo de su pobreza humana.
Como gran simpatizante del III Reich, debió beber alguna pócima de los intentos de clonación de aquellos experimentos y me temo que alguno se destapó y se volatizó en el aire llegando a los de su misma especie, es decir, a los herederos descerebrados que se asoman al mundo que odian y buscan el regreso a esos tiempos de fuerza del porque sí.
En pocos días, comienza nuestro carnaval gaditano; El teatro Falla canta y denuncia esa realidad que se avista no sólo en el aire, sus patadas ya se oyen. Aman la bronca, los gritos y las amenazas. No saben hablar. Son muy fáciles de distinguir: su careta y su disfraz cantan burradas. No saben hablar.
Ojalá que esas buenas chirigotas, comparsas y coros que sí proclaman el sentido común que escasea se propaguen con nuestros vientos a las tierras maltratadas desde el comienzo de los tiempos de la maldad y nos traigan aires de paz y de cordura y acallen rebuznos en la tierra.

Comentarios
Publicar un comentario