"ABANDONADO EN EL QUICIO Y TANTA DESGRACIA ES VICIO..."


No iba a ser un día más. El viento me llevaba a su voluntad y giré y giré como remolino perdido sobre esas piedras. Una casapuerta se abrió de par en par y  cerró al atraparme. La oscuridad o mis ojos asustados escondieron miradas entre los dos. Me fui integrando en ese apagón y vi algo parecido a nada. Una bolsa gigante escondía muchas dentro de ella. Las katiuskas se iban abriendo hasta que apareciera la última; en ella un papel muy arrugado guardaba un grito en lo más profundo de su ser..., fuera lo que fuese. Desenrollé con cuidado y lo descifré: ¡era el título de este relato!

De pronto, recordé esa frase, la escuché en mi infancia en la tele. Quizás un lamento sin pena o esa pena certera que nadie más la oyó. El caso es que me esperaba durante toda esta vida y empezó a narrármela.

De padres desconocidos, lugar perdido de origen, deambuló entre tierras y mares sin voluntad. Las idas y venidas de mareas y los vientos decidieron por ella. Su destino estaba escrito le dijeron, pero ignoraba cuántas páginas lo rellenaría.

Pasó el tiempo y los vientos. Fueron muchos los barcos de acogida. Siempre sola, sin nadie de su especie, la hacía especial. Apenas se nutría, poca agua y mucho sol; pero, creció y creció en su cuerpo esquelético, raquítico. Su cabeza era desproporcionada a su altura. Su cabello brotó, siempre despeinado, mal cuidado. Su pelo caía con cada viento, nadie la protegía, sólo la miraban por su extraño cuerpo cada día más desgarbado. Muchos la fotografiaban como a un muñeco de feria y sólo, y hasta día de hoy, esperan su caída y su daño y los que provocará con su muerte. 

Y ahí está, en la plaza, delante de la magna Catedral creyendo la infeliz ser el escudo que la sustenta. Ayer, se temió lo peor, ese venirse abajo en crónicas tan anunciadas. Otras cayeron en la víspera, ella sigue hasta que su débil cuerpo aguante. Abandonada en un rincón desde que llegara al mundo de los vientos, las borrascas, los Harry, los Goretti, los Ingrid y los que esperan su turno. Mala vida la tuya, que sólo te conocemos por la palmera tambaleante de la plaza. Sin nombre, sin amores conocidos, sin vida propia ni ajena que no te dieron. Ya sólo queda tu cuerpo abandonado del que admiran tu flaqueza, esos huesos tan marcados del que desconocemos tu destino. Y me pregunto ¿serás tú la única que nos sobreviva?


NOTA DE LA AUTORA: ESTA PALMERA ESTÁ UBICADA A LA DERECHA DE LA CATEDRAL; NO HAY QUE BUSCARLA, ES LA DAMA DE LA TRISTE FIGURA. LA ENCUENTRAS SIN DIFICULTAD...


Comentarios

  1. La palmera estará muy orgullosa de ser protagonista de tu relato. Las palmeras son pura fibra y resisten a fuertes vientos, pero esta puede tener los días contados. Espero que no haya que lamentar ninguna desgracia. 🥰🥰🥰

    ResponderEliminar
  2. Que maravillosa lectura para una mañana de lluvia, viento y café!!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario