"Y NO SONÓ LA ALARMA...!!!

 


La estantería amaneció mueca; la falta de la pieza central desdibujaba esa línea perfecta en la que vivió. Lo vi, mis ojos me avisaron, pero no lo vimos a la vez. Un vacío imposible, un roto llamativo que no arreglarían hilo ni aguja.

Se fue durante el sueño, ese que olía a malvas frescas inmortales, pero se fue. Muchas confusiones multiplicadas, no era un descosido; la imagen estaba ajada más allá de esa ausencia. El resto seguía en su sitio, como soldados a mi orden del ya...; no tardaron en romper filas, nada los mantenía firme en ese escuadrón tan sólido, tan invencible donde sus generales los sostenían agrupados y sujetos entre sí.

La debilidad los condujo al seísmo en el más alto grado de la escala. Antes del mediodía, la tropa yacía entre el suelo, la mesa, el sofá...; algunos de gravedad; otros, muertos. La vida se paró. Los cadáveres vivieron una larga vida en ese trágico escenario y yo, con ellos. Sueños sin dormir me paralizaron a mí y a mi aliento.

Un día cualquiera, abrí los ojos. El olor a difunto se había evaporado. Me levanté. Miré de frente esa librería anclada a la pared hecha a esas bajas. Me pidió ayuda y la socorrí.

Fui recolocando a los que aún respiraban aunque maltrechos; buscaban su sitio, su lugar en el mundo. Era lo justo después de tanta ruína.

Entre los finados, apareció el epicentro que tumbó el libro escrito. Debí dejarme la puerta o la ventana entreabiertas esos tiempos, no lo sé. Todo se borró. Un nuevo cuaderno, en blanco, saltó entre los tullidos. Comenzaba una historia; eran pocas las hojas que sobrevivieron: suficientes.


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