"¡LOS MARES QUE NO CESAN!"
Salimos de un vientre a la vida, pero sólo hasta que un llanto desconsolado no atruena en brazos del artícifice de ese milagro, no rompemos esa angustia de que sí respira. Su vida se aprecia con lágrimas, las risas aún esperan; las sonrisas serán muecas que avisarán del todo va bien. Sus primeros llantos abarcarán sus tiempos primeros; muy lejos de las palabras, riachuelos en sus ojos marcarán apetitos, sueños y alguna tristeza por dolores indescifrables hasta que el sueño lo atrapa. Su despertar y de nuevo, las lágrimas, mares de sal, serán sirenas que cantan y avisan de que Morfeo descansará en su turno. Y llegarán palabras tan esperadas, pero no ahuyentarán los ríos que le tocaron en su reparto. Convivirán con alegrías y risas que acompañan y confunden con lagrimales despiertos y activos. Los caudales aún rebosan y las compuertas no están preparadas para el vacío. Los golpes y caídas, más allá de postillas en codos y rodillas, dejarán cicatrices de mares, que algunos cal...