"ASÍ EN LA TIERRA COMO EN LA LUNA"
Un nuevo estampido provocó el estruendo de un útero anónimo. Su cuna, las trincheras, fosa común que recogía a los que tenían aliento. Las bombas lo mecían al son de esas nanas desgarradoras que le cantaban sin llantos de lágrimas sino de sangres. Pechos que pasaban por ahí lo sustentaban y malvivió entre escombros como el único de esas camadas. Gateaba entre cadáveres como juguetes que le sirvieron para adentrarse en ese mundo malherido cercano a su extinción. Se hizo mayor sin crecer, el tiempo no se medía; el sol emigró y dejó colgado su trabajo de marcar las horas de los buenos días; siempre fue de noche entre los grises y negros y algunos rojos de fuegos, todos ellos insuficientes para el astro. Y, a merced de esa triste paleta de colores, quedaron resumidas esas etapas del eterno invierno que abrigó su estancia en el mundo. Una vez, abrió los ojos sin más propósito que probar ese sentido sin estrenar; giró la cabeza y, después, su cuerpo con ella. Y apareció un resplandor extraño...