"¿QUE VEINTE AÑOS NO ES NADA...?"
El rancio pestillo se descolgó bruscamente de esa puerta austera y desvencijada. Quedó desprotegida de sus tiranos guardianes vigilantes de que nunca se escaparan esas emociones prohibibidas y simulantes de un corazón empedrado y sin aparentes fisuras. Y cayeron todas. Una explosión de partos simultáneos estalló con una sincronía no ensayada, quizás entre bastidores, sin ningún acuerdo común. Cada una se trabajó su YO aun sin luces ni palabras; no fue necesario. De mediana edad, había sobrevivido a las ausencias que habrían aniquilado ese régimen severo de su control. Una sola hoja escrita en su agenda bastaba. Nunca esperó sorpresas fuera de esa única carilla. Un fuerte abrazo de los vientos lo derribó. Todas volaron sin mirar hacia atrás. Se dejaban llevar y se enamoraron de esos nuevos aires que las despeinaban sin rubores vergonzantes. No los robaron, salieron de sus vientres cuando las placentas les dio el ultimatum de que llegaba el ahora o nunca. Nadie las llamó, nadie propició ...