IN MEMORIAM DE MERCEDES MUÑOZ DE BUSTILLO: "ADIÓS, COMPI, ADIÓS"
Casi un año hace que he retrasado esta confirmación que no quería saber. ¿Sospechas?, muchas; los silencios a mis entradas daban pistas, pero me imaginaba que estaría en uno de sus muchos viajes a los que dedicó ese tiempo breve con su diagnóstico. Fuimos compis, buenas compis, tanto que hemos compartido la misma enfermedad; ella siempre quiso ser la primera y se ha ido antes preparando caminos.
Nos conocimos en el cole a los diez años, teníamos la misma edad. Éramos tan diferentes que fuimos iguales: un complemento directo, pocos indirectos y muchos circunstanciales. Hasta entonces, mis amigas sólo lo eran de clase o del vecindario. Ella llegó como una auténtica "Pippi Lângstrump", aquella niña sin miedos, independiente, amante de las aventuras y la libertad; sin temores por difícil que fuera la odisea.
De fuerte personalidad, arrasaba a su paso con belleza rubia y su cuerpo de acero con su alma protectora y generosa. Siempre supo defenderse ante cualquier adversidad, y las tuvo. Fueron tiempos compartidos con la escasez de los estudios. No éramos ejemplares antes esas monjas incomprensivas fuera de la memorieta. Vivíamos al minuto, cuando avanzaba el reloj, lo hacía con nosotras.
Fueron tiempos de revolución, de cambios. Ella, creo que nunca fumó; yo, sí. Pero, a pesar de las modas ya impuestas en los setenta, jamás probamos las malas hierbas ni otra sustancia enemiga. Entre esa infancia preadolescente, no hubo más locuras que la de la libertad que Mercedes ya conocía, pero que administraba con cerebro y corazón.
Esos cinco años se fueron demasiado pronto. Los institutos se interpusieron y la distancia hablaba por nosotras. Vinieron los tiempos del cambio: ella estudió enfermería y yo, letras. Los novios, las bodas, las hijas, los divorcios y, por fin, el encuentro. Hasta ese día, sólo existía el teléfono entre nosotras. Vernos de frente fue precioso, nada había cambiado, sólo la vida. Volvimos a hablarnos de frente: con mucha risa, de novios posibles y, con amor, de nuestras hijas, (los padres y madres ya no nos supervisaban, por desgracia). Fue una cena donde ya no había perritos calientes sobre un pequeño papel ni zumos en botellines. Las mesas se vestían con manteles blancos bajo platos y cubiertos de verdad. Ya no nos quedaba tiempo de jugar a la casita, pero sí a ilusionarnos.
Y llegaron noticias casi a la vez. Mismo diagnóstico misma decisión de enfrentarlo con la vida elegida. No pudo con nosotras. El tiempo libre, desde ese día, no lo perdimos. Como buena aventurera, marchó a recorrer mundo, países nuevos en los que, sin duda, trazó rutas propias que ya quedaron marcadas en mapas.
Sólo aquellos años, años sabáticos, me sentí más libre que nunca sin saber que fui y fuimos las dos niñas más responsables con esa libertad. Esa etapa nos abrió la vida y nos preparó para andar ese camino que nos depararía tantas e insopechadas sorpresas y que a todas, tarde o temprano, supimos plantarles cara.
Sí, un año, se cumplirá en enero, me dijo tu hija que te fuiste. Agotaste tu vida para retrasar ese último viaje.
¡¡¡HASTA SIEMPRE, COMPI!!!

Ay qué bonito 😥 qué sentido homenaje a tu amiga. Qué penita, lo siento 🫂
ResponderEliminarMuchas gracias, querida Rosa. Cuando alguien bueno se va, deja siempre mucho amor.
EliminarMuy entrañable! Que penita
ResponderEliminarMuchas gracias, Anónimo/a.
EliminarLa recuerdo alegre y guapetona. ❤️❤️❤️❤️❤️
ResponderEliminar( Nicasia)
Siento mucho la pérdida de tu amiga, es muy bonito ver el recuerdo que guardas de ella y esa amistad que ni el tiempo ni la distancia han podido acabar. Te mando un abrazo muy fuerte
ResponderEliminarMuchas gracias, Anónimo/a-
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