"PA LO QUE HEMOS QUEDAO..."
Pero, de pronto, mi diafragma perdió el norte; un hipo en Mí mayor se despertó sobresaltado justo a la hora en que me dormiría. Esa sólo fue su entrada; platillos y tambores hicieron un SOLO bombardeante en mi cabeza. Era demasiado estruendo para una única espectadora que era yo. No sé cuánto duró la sinfónica, me pareció eterna. El dolor se fue controlando con vómitos y la calma fue entrando despacio. Caí derrotada en mi cama y el sueño quiso acompañarme en ese después.
La resaca de ese espectáculo no se fue con la mañana. La debilidad se quedó desde aquel día a vivir conmigo. Pudo ser una alta subida de tensión arterial... Pocos hojas arrancadas del calendario después de lo orquestado, mi heredera, que no desea obtener su legado y siempre busca remedios para atrasarlo, me había tramitado cita con el neurólogo y allá que fuimos. Nunca me asustan los hospitales ni sus consecuencias cuando se trata sólo de mí. Tras varias pruebas, estas ya estaban sobre la mesa y, por primera vez en mi vida, no me gustó ese diagnóstico porque se llevaría mi voluntad y mi independencia.
Micro angiopatía neuronal le llaman, pero, de toda la vida se le ha conocido como "no te llega la sangre al cerebro...", es decir, las venas neuronales se estrechan y dificulta el paso de la sangre en la venas neuronales. Ese día no nació, tan sólo se bautizó lo que ya estaba en mí desde hacía tiempo: mi desorientación en las calles cuando salgo; a veces, me paro en algún lugar porque no sé dónde estoy y me cuesta encontrar la salida hacia dónde voy . Olvido lo más reciente y siento que pierdo ese tiempo mientras lo recuerdo. Varios episodios que me hacen maldecir mis equívocos en el día a día. De entre todos ellos, el peor, sin duda, es cuando escribo por aquí. Palabras mal escritas en las que sobran o faltan letras o confusiones ortográficas que pasan de largo sin saludarme. Yo, que era la RAMBO de la ortografía, ahora, se burla de mí y juega a su antojo contra mi voluntad.
Antes de pulsar PUBLICAR, leo y repaso varias veces, pero no es hasta que ellas quieren, que se hacen visibles a mis ojos y a mi cerebro.
El cáncer no fue ni es ningún obstáculo para seguir, al contrario, me hizo más fuerte porque tenía proyectos que hice realidad. En cambio, esto sí me enfada; me resta seguridad y me incapacita en mi total independencia y eso no se lo perdono a mis neuronas que andan alborotadas a su merced con mis escritos y otros muchos caprichos que me roban.
Durante un cuarto de siglo, viví entre galenos y hacía lo propio de una secretaria en la consulta y oía y comprendía causas y consecuencias de enfermedades. Sé, perfectamente, las derivaciones a las que me enfrento. Será una lucha sin cuartel hasta dónde me tenga que llevar. Pero, sin duda, y hablo con la experiencia de vivirlos, la mente es más poderosa que el cuerpo. Es una enemiga sin piedad que te va restando y no te lo devuelve.
Y me viene a la cabeza, entre otras palabras, las que dijo el poeta Juvenal y que popularizó el marqués de Coubertin durante los juegos olímpicos modernos: ¿¿¿MENS SANA IN CORPORE SANO???
¡PUES, ESO, PA LO QUE HEMOS QUEDAO...1

Por primera vez te digo que hubiera preferido no leerte. No por tu magistral estilo narrativo sino por lo que cuentas. Ojalá los "galenos" puedan reconducir esas moléculas de oxígeno y puedan llegar a su destino, a esa mente prodigiosa. Recibe toda mi fuerza y todo mi cariño.🩷🩷🩷
ResponderEliminarMuchas gracias, querido Emilio.
ResponderEliminarEres increíble, como la forma en que describes tus neuronas 'alborotadas' me ha hecho sonreír. Es interesante cómo encuentras la manera de enfrentarte de tus propios desafíos, supongo que eso es parte de tu arte gaditano. 😊
ResponderEliminarLa verdad es que me río porque para qué llorar. Mientras sea capaz de reconocer lo que me pasa, significa que aún lo entiendo y me provocan sonrisas mis maldiciones constantes contra esas pérdidas callejeras que, en el fondo, me hace conocer nuevas rutas siempre, porque siempre son nuevas...
ResponderEliminar