"MILANA BONITA, MILANA BONITA..."

 

Era su vida, su amor, su sustento y felicidad para aquel infeliz. No tenía nada, sólo a ella para hablar de sus mundos de vuelos en ese aire más puro donde entendía lo que le negaba su entendimiento. Inseparables, amantes de esa nula libertad que él liberaba con su Milana, su Milana bonita. Bastó un enfado del señorito, del amo, de un amo que no sabía amar, porque esa condición de poder anula ese sentimiento y su rabia acabó, escopeta en mano, con la vida de la Milana y la de esa familia mal avenida que soportaba lo que esclavos a cambio de unas sopas y mendrugos. Azarías recobró su espíritu de lucha con el que no nació y, sin más armas que sus manos, hizo justicia. El primero que dio ese paso desde su locura, asesinada la ternura, despertó esa justicia ausente y dormida. Juez y parte en la sentencia y, sin pretenderlo, los suyos encontraron la llave de salida. Quién habría imaginado que la Milana y él, el tonto, el retrasado serían los inicios hacia la dignidad.

Muchos señoritos Iván, familia de tronío, dueños del mundo de los desamparados como Paco, Régula, esa niña chica, sus hermanos... no sólo viven en "Los santos inocentes de Miguel Delibes", eran el reflejo de una España podrida intocable, sopena de que una valla fuera el último telón de tu propia vida.

Aún quedan señoritos, herederos que ejercen el legado familiar, ese que llevan en su sangre azulada que los defiende y resguarda esa balanza a medio cegar, donde sí distingue a unos y a otros.

Medio siglo después, salen de sus cuevas de oro, búnkeres repletos de disfraces y caretas según la ocasión. No mendigaron, no los sometieron, camparon a sus anchas entre sus paredes a prueba de bombas. Desde esas sombras de persianas echadas, preparaban su segunda juventud. Y crecieron bien avenidos, con lecciones patriarcales bien aprendidas en la teórica y dispuestos para la práctica.

Al principio de su retorno, eran esperpentos, fantasmas de un ayer indeseable cubiertos con sábanas de raso envejecido, dormidas en el arcón del por  si acaso. Había muerto en su cama ese pequeño -ísimo a la altura de los grandes genocidas mientras las cunetas desabrigaban cuerpos de libertad.

Y, como cobardes innatos, se agruparon en busca de su justicia personalizada que nunca murió, conservada en formol cuando llegara su renacimiento. Y llegó. La desmemoria invadía espacios entreabiertos con llaves de cartón que las ratas fueron carcomiendo hasta matar recuerdos y volver a la casilla de salida en la noche de ayer. Hablaron las urnas, dicen. Pero, quién tomó la palabra fue la ignorancia, el olvido de lo que fue y de lo que vuelve. 

Todos lloraremos: los que se dejaron engañar y los que nunca olvidamos lecciones de nuestros ancestros. Tantas muertes, tantos santos inocentes en defensa de libertades se removerán entre sus huesos perdidos y apilados a cambio de un futuro digno que, ahora, han regalado al mejor postor por mucho menos de treinta monedas de plata, si acaso, por algún mendrugo de pan negro recogido de los suelos donde cohabitarán con la sanidad y esa educación que les hubiera mantenido abiertas esas mentes huecas.

Que nadie espere, que nadie sueñe con las promesas de la igualdad, libertad; la fraternidad no cabe en su mundo de las prioridades nacionales. 

Quizás, este es el gope de estado más sangrante y doloroso sufrido hasta hoy. La democracia herida por su propio pueblo. Adiós, Milana, adiós.

Comentarios

  1. Increíble pero cierto. Me refiero a nuestra coincidencia en nuestras publicaciones 🥰🥰🥰

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    1. Hemos coincidido hasta en la imagen. Me alegra saber que no estamos solos. Seguimos siendo muchos. La ignorancia es muy mala compañera...

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  2. Se que hay gente que cuando le dan cita médica para veinte días echan la culpa al gobierno central. Lo de las competencias autónomicas lo ignoran, a veces voluntariamente, a veces por completa ignorancia.🥰🥰🥰

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