¡YA VALE!, ¿NO?
Con un recargado equipaje, me fui deseando dejar allí su gran mayoría de bultos que me acompañaban y molestan mi día a día y mi noche a noche. Pero, sólo los externos lo consiguieron; los otros siguen conmigo como lapas incordiantes y no buscan la emancipación. Me dolió esa falsa querencia de no dejarme, no me fío en absoluto de sus intenciones. De regalo de consolación, me dieron un nuevo diagnóstico de mi brazo derecho (aquel que siempre se alía con maldades para complicar las libertades del resto...); este apéndice me fastidia todo el tiempo y no me permite movimientos más que los de su credo que, por desgracia, aún respiran sin necesidad de asistirla. Y regresé.
Y llegó la madrugada, tocaba mi momento sublime donde la perfección queda como excelencia. Si, soy feliz planchando desde siempre, me resta ansiedades y me da calma. Justo al darle su descanso y guardarla en su sitio de reposo, olvidé ponerle el seguro de vida para cerrarla y..., la sujetante, abrió sus dedos, quedó plana y alzada hacia el sol que se asomaba por el balcón y esa derecha traidora se dejó caer, ardiente, sobre mi izquierda creando un tatuaje a fuego que, a mi parecer, quiso ser un águila y no un periquito inocente.
Pasé el día sin mirar mi mano, verla tan humillada por aquella traidora aumentaba el dolor. Horas más tarde, acudí a urgencias; los sanitarios entendieron que ese mal bicho no podía seguir a la vista y volando a su aire. Tras unas curas precisas, volví a casa con mi izquierda vendada y sin marcas visibles de ese mezquino ataque. Pronto, saldrá de entre esos paños, sus cicatrices serán evidentes, pero ella es de otro costal y camina hacia delante por muchas vidas que se perdieron y dejaron una herencia, la de sus vidas bañadas en miedo y sangre. Lucharemos para que los diestros vivan en las plazas junto a los toriles y los zurdos despierten de ese mal sueño de la dispersión.
A mí y a mi cuerpo, sólo nos queda la opción de estar juntos aunque maltrechos y soportando a otro grupo de okupas que campa a sus anchas y se va apoderando del espacio por el que pasa hasta que nos agotemos... Ah, y ya hoy, mi izquierda está, como es costumbre en ella, solidaria y dispuesta a dar la talla tecleando con la voluntad que no presenta ni dispone esa derecha provocadora e inepta.
IRONÍAS DE LA VIDA: "NO ME SALE NI UNA A DERECHAS..."

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