"DIEZ AÑOS HACE Y UNAS HORAS..."
No fue la soledad; la compañía excesiva de fantasmas cerraba el círculo de escape. Caminos de ida y vuelta reglamentarios eran manifiestos de una profunda agorafobia. Cualquier intento de alterar la ruta significaba andar sobre la nada, sin norte, sin destino. Seis horas disfrazada de normalidad no engañaron; a mí, tampoco. Ser sin ser es estar en un precipicio demasiado llamativo a la vista y a la razón. La ceguera no entiende de claridades artificiales y los vacíos te reclaman que los acompañes. No vestían sábanas blancas ni volaban ni se escondían. Al sonido de mi llave girando, no faltaba nadie a pesar de que no eran nadie. Me robaron el sueño; los sueños se fueron antes. Mis párpados quedaron abiertos a esa noche continúa; las pestañas caían como en un otoño donde la lluvia las derriba. Era primavera, decían por ahí. Los días, en esos tiempos, eran postales fijas de un duro invierno interminable. Mi cuerpo pronto levitaría también; me tildaron de anoréxica las malas lenguas..., no...