"AGRADECIDA"


Que con casi un millar de publicaciones en mi blog, después de crearlo hace casi cinco años, alguien perciba lo mal que escribo es plausible si no fuera porque el comentarista anónimo lo hizo, en su conjunto, con un contenido pésimo en todos los niveles de la lengua: sintaxis, morfología y semántica; le faltó la fonética obviamente; ¿cómo pronunciará?

Está bien analizar textos ajenos cuando los tienes delante, aportar e, incluso, corregir para mejorarlos. La crítica constructiva es positiva porque ganamos todos: autor y lector. Pero, cuando el criterio analista se basa en el odio, en el sólo dañar a los que pensamos diferente, ahí pierde su valoración: no lo ha hecho con el texto sino conmigo. No me sentí ofendida, que alguien que no me conoce o sí, me evalue como no inteligente, mala escritora, no graciosa, absurda y que, al no hacerlo el resto de mis lectores, se sintió obligado a tomar la valiente decisión de hacerlo él o ella es muy propio de personas o personajes que, por desgracia, abundan en estos tiempos de ataques del porque sí sin más. 

He sido profesora muchos años y mis métodos de enseñanza fueron puestos en tela de juicio por los contrarios con el pretexto de no bastarme un libro de texto oficial y de editorial concertada... Jamás, una razón con peso, aun siendo insuficiente, para entablar diálogos constructivos desde arriba. 

La crítica es necesaria, sin ella, no habría enriquecimiento y nos quedaríamos anclados en errores que no hemos percibido y el progreso sería una regresión hacia el estancamiento o más allá. 

Quiero críticas que me hagan mejorar, aprender, corregir, pero, no de las baratas y cutres escritas con tinta de odio en vez de con un apañado boli bic con el que puedes elegir todos los colores sin tacharse unos a otros. 

Es cierto que mi relato de ayer contenía algunos errores de puntuación y le di las gracias porque tenía razón. Sobre el resto de valoraciones personales e intelectuales hacia mí, le respondí con un epigrama de Nicolás Fernández de MoratÍn aclarándole, previamente, que dicho autor era el padre de Leandro, por si me reclamaba otro error en mis fuentes, algo que no atacó en el comentario anterior...

Y con el título que abre mi relato de hoy me reafirmo. Siempre ¡¡¡AGRADECIDA!!!


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