¿Y DÓNDE QUEDAMOS?


Las calles de Cádiz se bautizan según los vientos de los que vienen y van. Da igual, la gran mayoría las conoce por el primer nombre, el de pilas, el primero que conocieron y con ese se quedan. Es de agradecer que no se hayan sumado todos y que el último fuera el de "y todos los santos" como los de pedigrí. 

Por otra parte, pocos son los gaditanos que saben por dónde van cuando caminan por ellas. Nos cuesta recordar sus nombres y, aún peor, salir de su laberíntica ruta hasta llegar al destino sin trastear todas las adyacentes y las del más allá. Mi  padre decía: "si te pierdes, busca el mar"; es una solución para cuando sólo paseas, pero no ayuda en las prisas...

Ante este desnorte (aun en el sur) la solución más sencilla era utilizar como guía los lugares más populares de la ciudad para los encuentros o quedadas: el reloj de la plaza de España, la esquina de Hermu, Galerías Preciados, zapatería Faly, bar Tadeo, Liberty, Escobar, Simago, Polideportivo, Teatro Andalucía... y un sin fin por aquel entonces que ya finalizaron con esos puntos estratégicos.  Todos los citados se fueron con lo puesto de la noche a la mañana sin más futuro  que el recuerdo de la nostalgia de quienes lo vivimos.

En su lugar, espacios con vidas muy débiles que van y no vuelven antes de la tarta de su primer cumpleaños. No tienen arraigo ni rasgos que los diferencie entre Cádiz, Sevilla, Madrid..., todos iguales en fondo y forma.

Hay un vacío existencial de esos puntos fijos (no me refiero a los de entrega y recogida...), su invisibilidad  complica la simbiosis que tanto nos unía con nuestra ciudad. A los cruceristas ni les va ni les vienen estas pérdidas sin retorno. Si acaso, retrasarse en la salida por desorientaciones tan nuestras que hasta de ellas quieren apropiarse.

Fenicios, romanos, musulmanes, judíos, cristianos... nos regalaron sus culturas. Una miscelania que hizo de este exclusivo rincón una idiosincrasia que nos creímos eterna. Pudimos defenderla y conservarla. Pero, unos simples calcetienes con chanclas, bermudas  y camisetas coronadas con gorras y viseras nos invadieron y la ciudad... se rindió.

Comentarios



  1. "Cuando una ciudad pierde su identidad, pasa a ser solo el recuerdo de quiénes vienen para no quedarse en ella"

    ResponderEliminar
  2. Nos roban a manos llenas y se lo ponen en bandeja. Cuántos gaditanos y gaditanas expoliados por quienes tenían la obligación de cuidarnos... Muchos besos, querida Isabel!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario