"HISTORIA DE OTRA ESCALERA..."
Buero Vallejo creó vecinos en torno a una escalera y Camilo J. Cela dio vida a una Colmena enraizando historias de perdedores de mucho llanto y mucha hambre. Supervivientes en ambos escenarios que, como el telón, subía y bajaba en los actos que cerraban y abrían momentos de cambios.
En mi teatro particular, mi cuerpo era pequeño, mis piernas cortas acordes con mi edad de aún sin uso de razón catequista; sin alas visibles, escondidas entre secretos de sueños por venir: volaba. Y era real. Me merendaba escalones de tres en tres hasta la torre que era mi azotea. Era yo un peso pluma, ligero, fácil sin llamar a los vientos..., yo volaba.
El descendimiento lo hacía sin apenas tocarlos; al trote, sin asirme a barandilla, en silencio. Era tal el entrenamiento y mi pasión por conseguir la mejor marca que me postulaba para el más difícil todavía: Bañeras sin centrifugado con más agua que ropas las elevaba con esa velocidad y conseguía el podium de nuevo.
Fui plusmarquista hasta que las alas volaron sin mí. Y mis piernas cambiaron al pasitrote, flaqueaban mis pies inseguros en sus pisadas; no buscaban competición, sólo un agarre para mi mano temblorosa que veía la nada hacia esa meta ahora tan difusa: conocí el MIEDO. Y desde entonces, la escalera es mi mayor adversaria. Siempre gana ella. Conocí el vértigo de una acera al pisar el asfalto; son las desescaladas, los declives, las disminuciones, las caídas. Preveo el descalabro sin verlo; lo intuyo.
La CLIMACOFOBIA me robó aventuras que contar como abuela. No pude ser un Capitán Tan a lo largo y ancho de este mundo.
Ignoro por qué vino a verme y a quedarse esa invitada sin estar en mi lista de deseos. Algún día me reencontraré con mis alas robadas y volaré; de momento, tengo los pies en la tierra, que no es poco.

El tiempo... Eso fue lo que vino a vernos... Lo sé porque hace unos días sentí vértigo (miedo e inseguridad, también) simplemente por cambiar el agua de un bidón que recoge en el balcón la que expulsa el aparato de aire... Yo, que he 'saltado' en un cuarto piso de un petril a una ventana semiabierta para poder entrar a una habitación cerrada por un golpe de viento... El paso del tiempo es inexorable pero no todo es malo porque trae unos laureles, disimulados o no, en nuestras sienes. Besos, Moby. Er More dixit.
ResponderEliminarDejamos el indicativo para vivir en un subjuntivo que se distrae con el condicional... Muchos besos, querido More.
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