Entradas

"VÉRTIGOS DE DICIEMBRE"

Imagen
Cuando arrancas la hoja de noviembre, el calendario se queda en paños menores e intenta taparse como puede y no recordar muchas de las anteriores de esas once ya vividas. Marcamos nuestra vida en almanaques, los años, los acontecimientos de cuando nacen o se van. A estas alturas del recorrido, ya has puesto nombre a cada día pasado: algunos en la memoria del corazón y, otros, en la desmemoria del olvido. Y llega el vértigo de repetir otra docena con números sin registro hasta su uso. Nada está agendado, la sorpresa del amanecer dura hasta la oscuridad de la noche. En cualquier hora de un día cualquiera, un número anónimo o programado se pone del revés y te desnuda o te viste de gala. Penas, alegrías ruedan en un gran bombo y, a su lado, otro gira con bolitas del 0 al 31. El movimiento constante de ambas decide el momento de la emoción que te ha tocado. La fortuna o el infortunio no se controlan. Nadie puede parar ese encuentro. Si tienes suerte, la pedrea es el seguir, continuar sin al...

"MOSAICOS: REMIENDOS HILVANADOS"

Imagen
Vicuñas, cachemiras, sedas, algodón Pimam, lino, poliéster, algodón común, rayón, viscosa, nailon..., tejidos diferentes de rango y alturas envuelven al nacido avisando de su pedigrí o su ausencia. Un trozo de tela marcará el futuro con sólo respirar y su primer llanto. Es su placenta externa que lo protege del mundo frío que lo mira con más o menos amor. Esos envoltorios nunca se van; se modifican a la par de su crecimiento. En las cunas de oro, se cosen con agujas sin temores de clavarle; todo son mimos y cuidados. Esos añadidos los coloca su aya que lo amamanta. Su padre y su madre lo dejan a su cuidado en la confianza de que sus roles estarán en las mejores manos; las de ellos no lo son . Las cunas de madera recogerán a otros (las raíces del tronco difieren y sus ramas también); sus mantitas primeras les darán calor, los reconfortarán y cesarán llantos al acople de temperaturas similares con el mundo nuevo. Y ya comienzan los segundos de transformación, su piel busca espa...

"TELÉFONO: 016"

Imagen
  No necesitó decir más, el silencio se pronunció por ella. Sus manos tomaron la palabra e iniciaron ese epílogo sin más puntos y aparte que el final. Abrió armarios que guardaban la perfección de ese sinvivir perfecto. Lo vació. Cupo en dos maletas todo el dolor planchado con esmero en tantos años de obligaciones y exigencias. En sus esquinas, entre las ropas, acomodó recuerdos sin memoria de esos viajes taciturnos hacia la apariencia de la felicidad. Sus hijos no presenciaron esta escena, pero sí las otras muchas. El maquillaje era su primer café de la mañana y de muchas tardes. Las noches respiraban más tranquilas hasta casi el amanecer; él aparecía con olores ajenos y ensuciaba esa madrugada con gritos de ya volví. De inmediato, ella abandonaba el lecho hacia la cocina. El jaleo de la cafetera, lavadora, aspiradora..., acallaban insultos y golpes que, aparentaban no llegar a las habitaciones de los niños. Él mostraba su única parte decente: se marchaba pronto. Ya había cumplido...

"LUCES EN SOLEDAD"

Imagen
   Apenas las 2 de la madrugada y ya amaneció. Miro el reloj incrédula; sin encender ninguna bombilla, veo la hora y, en efecto, ya es de día. Mis tres balcones están despiertos y quieren su desayuno como siempre cuando abren los ojos. Se lo doy a ver si echan una cabezadita; no tienen nada por hacer ni nadie que los mire ni los salude. Alguna de ellas debió darles un guiño y pareció lo que no fue; sólo unos segundos de engaños y de vuelta a las claras. Hace frío cuando me asomo al balcón de la cocina (sitio oficial para encontrarme con mi ducado que me espera fiel y deseoso de prenderse y entrar en calor. Literalmente, no hay un alma en la calle ni en la plaza. Nadie más con luces de adorno y muy pocas de inteligencia. Está claro que no son ellas las que deciden cuando retirarse o salir a escena. Están de guardia esta noche/día; cumpliendo sus imaginarias impuestas por castigo o un turno perdido en cualquier agenda australiana.  Ayer, noche (hace sólo un ratillo) deduzco...

"RECUERDOS DE MI CALLE QUE YA NO EXISTE"

Imagen
  Muy estrecha y el largo de cuatro casapuertas, así era ella. La primera de las que formaban el conjunto que vestían igual. La llamaron  Escuela; un colegio básico, sencillo, de una sola planta caía frente a mis ventanas del número 1. De ahí, MI CALLE ESCUELA. Dos maestras para todos los niños: una buena (Doña Carmen) y otra muy afín al régimen (Doña Rosita... que no siendo cercana a las letras de  Lorca, también fue la soltera) se dedicó a este oficio, creo que para desahogarse de su mal genio entre reglazo y reglazo. Los cuatro hermanos acudimos al "Carola Ribed" hasta la edad obligatoria de ser escolarizados. Mi madre descansaba unas horas y nosotros/ellos ( sólo tres),  aprendieron números y letras. Doña Rosa no me cayó bien nunca y el efecto fue mutuo: no más de una semana duró mi estancia entre pupitres y el patio del recreo. Un helicóptero solía sobrevolar por debajo de esos cielos y tirar latas de leche en polvo (eran americanos de la base de Rota); a cambio...

POEMA MÁS ALLÁ: "LA VIDA SIN"

Imagen
  Y pintarás de colores lo que no lo tiene, lo que ya no tienes. Buscarás sendas con nuevos vuelos; en tierra quedarás, las alas rotas, eternas, se despiden, se despidieron hacia nubes demasiado altas, solas, transparentes. No más tormentas alternativas, el agua se desplomó, hasta la última gota. Resecas, agrietadas,  llantos secos y ojos vidriosos te acompañarán como ahora. Darás o no, retoques a la nada, tus lápices sin punta, sin flecha ni arco. Hoyos de tierras y piedras en fosas comunes, anónimas, olvidadas en la eternidad. Nadie llorará las pérdidas, ayeres sepultados en silencios, sin flores frescas, quizás, alguna rosa marchita. Quizás, una rosa.

"PIRUETAS CON CAÍDA LIBRE DE DIEZ"

Imagen
  ¿Quién dijo que en pocos metros no se viven aventuras? No hay que viajar a la selva ni de safari; todo lo tienes a tu alcance sin necesidad de comprar pasajes ni preparar equipaje... Ayer se presentaba una mañana tranquila, sin excursiones más allá del rellano o la casapuerta. Tres bolsas esperaban su hora de recogida muy arregladitas porque ellas sí irían más allá. A la hora convenida, sonó la señal. No tenían sobrepeso, aparentaban el peso ideal para mi brazo; con el otro, siempre el pasamano.  Despacio y vigilante, bajaba cada escalón. Sería una bajada más. Pero, los tres últimos me engañaron, tenían toda mi confianza y me lo creí. Algo parecido a la piel de plátano de las historias del TBO, en forma de hoja perdida de alguna maceta colgante, se desprendió, quizás buscando vuelos independientes, y allá que lo pisó mi zapatilla traidora enredándose con la otra y formar una trenza muy elaborada y fui girando hasta culminar ese paso, más parecido a un plié, que me dejó desas...