"¿Y TODO POR UNA MANZANITA?, !SABE DIOS¡"
Una persona de los de érase una vez o de los que ninguna fue y que nació de la nada porque acabó siendo un don nadie, tanto que, como no trabajaba y no doblaba el espinazo, le quitaron una costilla para hacer un mejor caldo y ponerse a tono cambiando sabores afrutados por sopitas. El resultado no fue el que esperaba y alguien, según cuentan, le llamó men y tiró* al aire ese tazón no inventado. La costilla se salvó de la tirada y se recicló en otra rara especie que, no gustándole el panorama, se evadió en cuanto pudo con ese mentiroso con el que alguien los emparejó; se cuenta que al verla sólo pronunció: ¡wo, men!* *. No había espejos, pero algún parecido tenía con él. La evadida se aburría con el men tirador (a dando golpes por doquier....) Un ojo vigilante hacía de farolillo constante y sólo los miraba a ellos dos. Cuentan las mala lenguas viperinas, que hubo un momento de despiste y una serpiente, enroscada en un tronco, les ofreció la fruta del día... siguiente. Ellos, desde la desidia y las ganas de cambio, la mordieron antes de tiempo, y les gustó tanto, que llegó a oídos de aquel ojo distraido y zas! a la calle sin nombre que les esperaba para cuando llegara ese momento porque, según la historia, ya estaba todo escrito.
Al principio, apreciaron esa independencia y su intimidad, pero una cosa llevó a la otra y, sin más costillar ajeno, nació una parejita con muchos dolores y quebrantos. Ya estaban en el mundo y eran dos. Uno se acostumbró a compartir, pero el otro dijo que !ni hablar! Dos hermanos distintos en carácter: uno bueno y, el otro, lo contrario. En algún momento de ese horario inexistente, el impulso cainino acabó con su bonanza fraternal. Cambiaron, finalmente, el desenlace previsto por el creador de este culebrón. Todo empezó criando a un humano y se lio con ese perfecto dolce far niente en el que ni musarañas a su vista percibía.
Esa desidia suya, tan caprichosa y eterna y descostillada porque sí, lo trastornó para los restos. Y a los que vinieron detrás, mucho antes de Colón y compañía, les dejaron una herencia envenenada de que el mundo era sólo para los costillares ibéricos, los peces multiplicados y los panes infinitos. Tan terraplanistas e igonorantes como eran los expulsados del exclusivo jardín, decidieron que, fuera de él, aún sería de ellos, y lo de "ganarás con el sudor de tu frente anunciado" se lo dejaron para los que nada le prometieron. Y así nacieron los ricos y los pobres, las diferencias, las preferencias nacionales sin haber naciones, las buenas y malas lenguas y el arcoiris de los gustos y disgustos.
Y sin poner fecha a los acontecimientos, nadie sabía las cuatro reglas aún, seguimos igual desde aquel fatídico momento en que se quiso inventar el castigo sin diálogo, sin más pecado que por una triste manzana que, para colmo, fue una modalidad romana de su poma cuando se españolizaron y dejaron grandes recuerdos en nuestras calles (construídas por ellos) hasta que llegaron los musulmanes y vivieron en nuestras tierras más de ocho siglos compitiendo con el imperio caído en extraordinarias obras arquitectónicas, costumbres, lengua y fonética, cada uno con sus dioses y...,por aquí, seguimos con el negacionismo de la diversidad, aquella que nos engrandeció tanta visita y que, en vez de agradecimiento, los herederos terraplanistas les niegan el pan y la sal.
Antes de la expulsión, debió crear una escuela de humanidad para aquella pareja sin brújula y tan perdida por su ignorancia.
*, **: anda, no hablaban español...!

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