"RETRATOS EN BLANCO Y NEGRO"
Desde muy niña, me solía preguntar por qué si todos tenemos un esqueleto que nos soporta, un rostro con ojos, nariz, boca, frente, barbilla y orejas, por qué no somos idénticos. No intervienen situaciones económicas ni sociales, si acaso, mejor piel y cabello por aquello de los cuidados externos que se costean los pudientes, pero la arquitectura (tamaños aparte) es indéntica. Quizás sean las proporciones dónde están los secretos de las diferencias físicas y de esos D.N.I y A.D.N. los que nos hacen únicos, es decir, números y moléculas que nos preservan para reconocernos entre tantos millones que habitan alrededor.
En mis fotos infantiles, siempre en blanco y negro, era el gris (parido de la oscuridad y débiles amaneceres) el que se hizo con la situación que nos pintaba triste y con muy pocos rasgos específicos que marcaran quién era quién. Bastaban los rapados, el hambre la miseria para la confusión; poco importaban los rasgos, estos desaparecían e igualaban, mediante la pobreza que borraba los seres únicos y se guardaban entre rejas donde el final les llegaba con esa igualdad por mandato de las horribles circunstancias que vivieron hacia la muerte con facciones y cuerpo desgastados, casi imposible reconocerlos cuando, aun sin frente a un pelotón, la parca venía a por ellos y ellas antes de lo que les correspondía y se apoderaban de su espíritu de lucha como de uno menos hasta el día siguiente que lo reemplazaba, en ese medio metro descuadrado donde se hacinaban a los represaliados, por los que sí conservaban algún que otro color e identidad.
Deduzco que nuestro arcoiris tendrá miedo y lo entiendo. Las desidias y los expolios de los impuestos tributarios son juguetes incendiaros en sus manos. España arde mientras las notarías hacen cola para firmas deshumanizadas y con varias cervecitas que celebren que su riqueza nace de robos sin piedad.
España se viste de fuego (no es un disfraz) mientras tanto, y espacios verdes que tuvieron su esqueleto y rasgos muy suyos, hoy ya no tienen colores. Ya no hay más sombra que aquella que respiran sin oxígeno porque las paletas de sol que las pintaba tardarán demasiado en volver.
La pobreza caerá sobre lo quemado: sin casas, ni escuelas, sin nada más que aquello abarcado entre sus manos delante de las llamas que la perseguía sin piedad.
Y como los terratenientes de ladrillos sobre adoquines o de piedras en la tierra, irán llamando a los que guarden esa fila cuando toque el día de los patronos y repartir su peculio de tantos más inocentes que, les llegará la santidad por el milagro de un maná pagado por ellos mismos y comerán hasta donde alcance el donativo de las lapidadas arcas públicas.
¡¡¡Y NO PASA NADA..., TODO SIGUE IGUAL!!!

Que negativo todo! Habla usted de una época de hace más de 100 años, ya nadie vive así, que ganas de sufrimiento!
ResponderEliminarBuenos días, Anónimo/a. Sólo cuento ese pasado de noventa años que no se olvida porque está muy presente viajando hacia el futuro. Saludos.
ResponderEliminarMuy presente? Dónde? Quién? Por qué regresa a 90 años atrás ? Por qué no 120. O 300? Podría parecer que la echa de menos. Volvamos a los colores de la actualidad: piscinas y playas llenas, gente viajando, miles de universitarios.,, el panorama es bastante colorista. Regrese usted también. Será bienvenida,
ResponderEliminarSiga viajando en su mundo multicolor, tiene derecho a verlo así. Cuidado cuando se choque con la realidad. Buenos días.
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