"CUANDO ERES MUY FELIZ"
Desde que conocí la fecha, el corazón, el mío, la felicidad ya había echado la carta al buzón de la alegría. Mi casa comenzó a vestirse de fiesta y nos fuímos de compras a las tiendas de la imaginación; no fue necesario salir de casa; todo estaba en nosotros, sólo había que abrir puertas con esa llave que me llamaba y abriera rincones infantiles que nunca estrené en estos metros, pero recordaba que no olvidé en esa mudanza, me los traje por si algún día tenía la suerte de recuperar esos momentos que me perdí por dedicarlos al trabajo y otras prioridades que nunca lo fueron.
Y tiré la casa por la ventana en dar todo el amor que guardaba para ellos. Un timbre acorde con el momento cantó melodías de gloria. Por fin, empezaba el cuento que escribiría para ellos y para mí.
Desde la casapuerta, oí a Dada: ¡Nana! y a Javi: ¡hola!. Cada escalón nos acercaba más al abrazo, los muchos besos y achuchones. Sus padres y la tita Carmela me los trajeron para mí.
Cuartos de sorpresa los esperaban ocultos para sus manitas que abrieron con rapidez y cuidados de no romper envoltorios y que la espera les supiera a misterio. La sonrisa les pintó sus caritas y corrieron a enseñarlos. Llegaron las horas de la comidas en dos plazos: la de casa y la del restaurante donde les regalaron láminas y lápices para que sobresaliera aún más ese arcoiris del ambiente.
De vuelta a casa, los juegos del escondite ya se habían despertado de su siesta y dispuestos para todos. Su inocencia se añadió y colaboró para que fuéramos invisibles ante esa divertida ocultación tan evidente.
Las risas crecieron y brotaron carcajadas. No eran sólo dos niños; los abuelos y titos que se unieron participando de las ocurrencias espontáneas que nacían y se quedaban con nosotros.
Y llegó la hora del hasta pronto. Y desde el balcón, mi mano, las dos, se agitaban en esa despedida de agradecimiento por ese gran regalo que me trajeron: Dada y Javi
Mi casa, desordenada y revuelta, me pareció más bella que nunca. La felicidad la habitó esas cortísimas horas para mí. Soy abuela y soy feliz.

La alegría en tus ojos cuando estás jinto a tus nietos demuestra que tu amor de abuela ¡es el regalo más bello de todos!
ResponderEliminarSin duda alguna, querida Isabel. Muchos besos!!!
ResponderEliminarSer "abuela"pesa distinto en el pecho.Me alegro por esas travesuras,esa comida juntos,esa siesta,esos cuentos.
ResponderEliminarLa foto es un reflejo de vuestra felicidad.
Te quiero mi compi
Qué bonito tu comentario. Te quiero una jartá, mi compi!!!
ResponderEliminarSiempre digo que qué bonito lo cuentas todo, qué personal y brillante, pero hoy nada puedes competir con tanto amor que desparramas. "El buzón de la alegría" , me ha encantado esta expresión. Sin duda que cuando ves a tus nietos, Dady y Javi, se te ilumina el alma..., y a tu hija, y a todos-as tus seres más queridos, y sobran las palabras, te sientes MUY FELIZ, y yo que me alegro no sabes cuánto. 😄🌹🫂
ResponderEliminarJooo, Inma, me has emocionado no sabes cuánto!!! Miles de gracias por siempre entender mis mensajes. Un beso enorme, mi querida Inma.
ResponderEliminar😘😘😘😘
EliminarBesos también y gracias, amable Anónimo/a...
EliminarSoy Inma, que se me olvidó ! 🤣🤣
EliminarJajajajajajajaja, Qué arte, illa!!!
EliminarQué bonito, qué sentido y qué real. Ser abuela es de las cosas más grandes que existen. Hago lo mismo que tú, desde que eran pequeñas sacaba cositas de sus papás, ya fueron aprendiendo en los cajones y puertas que estaban. Tantas mudanzas no llegaron a cambiar sus escondites, y ya hasta mi Luisito, mi muñeco de sesenta y seis años les permito, porque lo cuidan.
ResponderEliminarCuando se van y su mamá dice ¡Recoged! Digo que no, una casa ordenada me da tristeza, a veces dura hasta días lo que han sacado, es la manera de sentirlas cerca. ❤️
Qué bonito, querida Rosita, lo acabo de leer y es emocionate tu sentimiento de abuela. Muchos besos!!!
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