"¡MALO ES EL TIEMPO PARA LA LÍRICA",



Pido prestado el título al poeta BERTOLT BERCHT (Augsburgo, 1898- Berlín 1956) autor de este verso  en uno de sus más famoso poemas*

El género líterario de la lírica nace del YO intransferible del individuo a través del que manifiesta sus más hondas penas que lo atrapan; persigue sanar esas heridas y encontrar, finalmente, la ansiada paz para esa alma atormentada. Es un viaje introspecctivo en busca de la serenidad perdida en algún camino o de alguna voz que te la introdujo más allá de tu oído.

Algunas nacen por desamores, por la soledad incomprendida, por desajustes de cordura... cada alma los procesa cómo puede y gana batallas y se levanta.

Pero, ¿qué pasa cuándo la emoción que te invade es el Odio? dudo que nazca de la nada, sino de la ausencia de cuestionar cómo y por qué ha llegado. Son tiempos, momentos en los que invaden mentes y cuerpos que no son migrantes, sino a personas a las que transfunden pensamientos negros porque le han teñido su alma en la oscuridad de la ignorancia y la desinformación. No buscan la verdad, no se cuestionan ese veneno que le han transferido a su mente vacía de razones propias cuyas argumentaciones en su defensa consisten en el bateo de los que no piensan, porque sí piensan, pero no como ellos.

Y este es el panorama, el resultado del enfrentamiento de los odiadores por mandato e intereses ajenos y los que están dispuestos, con buena voluntad, hacer más allá de un efecto boomerang que revierta en sí mismos.

Cómo atacar a seres muy humanos (que reparten su jornada con trabajo y estudios) para cumplir con su turno a cambio de mejoras colectivas sin más retribución que el triunfo de alcanzar esas bonanzas sociales que se quedaron en el limbo de alguna primera piedra.

¿Por qué el odio aparece y ataca?, ¿Cuál es su trofeo?, mal vivir con la limosna que repartan como animales, sin raciocinio, que corren tras esas monedas en pago del odio derramado en gente de paz y esperanza.

Definitivamente: "SON MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA"


Ya sé que solo agrada
quien es feliz. Su voz
se escucha con gusto. Es hermoso su rostro.
El árbol deforme del patio
denuncia el terreno malo, pero
la gente que pasa le llama deforme
con razón.
Las barcas verdes y las velas alegres del Sund
no las veo. De todas las cosas,
solo veo la gigantesca red del pescador.
¿Por qué solo hablo
de que la campesina de cuarenta años anda encorvada?
Los pechos de las muchachas
son cálidos como antes.
En mi canción, una rima
me parecería casi una insolencia.
En mí combaten
el entusiasmo por el manzano en flor
y el horror por los discursos del pintor de brocha gorda.
Pero solo esto último
me impulsa a escribir.

BERTOLT BERCHT







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