"TORMENTAS EN SOL"

 

Temporadas últimas de la serie "CUÉNTAME", un Carlitos ya adolescente, tras pasar un tiempo en la cárcel por cuestiones ciertas o no de tráfico de drogas, lucha contra sí mismo y el sistema que lo declaró culpable por no acusar a los que sí cometieron ese delito. Le sobrevino un periodo extraño al dulce ´heredero como le llamaba su padre. Su rebeldía contra el mundo le acercó a una oscura pandilla nueva tan perdida como él. Le cambió el carácter y perdió su dulzura. Ahora, su indumentaria era la que, por entonces, se conocía, más en Europa, como neonazi: cabezas rapadas, cadenas, puños americanos... ´Contra su conciencia, actuaba como ellos: con la sinrazón de los supremacistas en tamaño físico pero enanos en  cerebro.

Nosotros, todos los espectadores, veíamos como una situación trasnochada y ridícula que anduvieran esos matones de patio con golpes racistas, xenófobos siendo una pandilla de infelices que guardaban recuerdos de abandonos y soledades en su infancia. Finalmente, es el propio Carlos el que los abandona cuando entiende que no puede ser uno de ellos.

Ayer, en directo, en 2026, recordé aquello que nos parecíó tan ridículo  cuando se iniciaron esos tiempos de resurgimiento de banderas y esvásticas. Niños/as gritaban arropados por banderas de un tal Franco del que no vivieron pero, que añoran resucitar. Cánticos de ripios de pésimos pareados malsonaban por esas calles adyacentes a sus presas. Y me pregunto, ¿dónde estarían sus padres?, con ellos, ¿quizás?; ¿era esa su mañana festiva planificada en familia para ser valientes pareciéndolo? ¿De dónde salen esas manadas sin el más mínimo decoro de educación con tanto lacoste y tupés sin un cabello fuera de su sitio?

Son juventudes de cartón cortadas con patrones de yupies que conservaba un arcón en el desván de los miedos cuando ya el pueblo no quería esos trágicos recuerdos. Pero, lo que fue una serie pasó a una serie de realidades que hoy invade aceras y avenidas en busca de daños porque es la moda de los niños y niñas bien. ¿cómo desnudar de esa puesta en escena tan cruel como ridícula a esos pandilleros que se creen invencibles con un trapo y el aguilucho pintado? No cruzan palabras, no saben; gritos, insultos..., nunca diálogos. 

Los veo como marionetas movidas por ecos de odio del porque sí. Y ellos juegan a ser sus padres, sus abuelos, su gente. No serán ellos mismos. No saben andar solos. Piensan que el resto, los de enfrente, son como ellos y los buscarán para responderle. Tan ignorantes, no piensan, imaginan que la lucha es la defensa no el ataque: nuestros DERECHOS.

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