"DANDO LA CARA"
Su rostro despertó en otro cuerpo. Los ojos nunca tan abiertos hacían bailar sus pestañas al son del aire de alegrías. La nariz, henchida, respiraba por fin sin cortes cuando inspiraba con esos movimientos liberados; su boca no hablaba, la risa se encargó de esas palabras innecesarias ahora. Sus oídos participaban de esa fiesta inesperada y sus manos estaban libres de cargas.
Unas horas antes, el escenario era un antónimo. Refugiaba sus sentidos bajo miedos a sus paradas en aquella estación final de trayecto a la que se encaminaba por mandatos superiores sin mediar palabras dialogadas. No contaba los tiempos, el reloj hablaba y su voluntad agonizaba con él.
Muchos a su alrededor, pero se vio solo. Lo estaba. Recorría los últimos metros, sus pies se arrastraban demorando minutos que corrían en su contra.
Sin pretensiones, llegó el primero a esa meta sin prórrogas. Se maldijo. Esa nefasta victoria transmutó en venturosa. Anduvo entre raíles saltando, recordó rayuelas con sus primos del pueblo aquellos veranos de no hacía tanto. Una caída, un tropiezo, una casualidad... le presentaron un salvavidas escondido. Una palanca de cambio le mutó la muerte por la vida. Su cuerpo la activó en ese choque y la bandera blanca se erigió. La guerra había acabado. Un demonio la empezó y un ser inocente, un ser de aceptación, sin maldad se dio de bruces con la solución mientras el mundo se mataba sin búsqueda de salvación.
¿Y quién colocó ese remedio entrevías? cuentan que alguien bueno.

Pués a mí me encantaría ayudar a ese ser bueno. Doña Mobby, excelente relato, le gustó hasta mi gato. (Es que gata no rima)
ResponderEliminar🥰🥰🥰
Vuestros gustos me resultan muy gratos. Muchas gracias, querido Emilio!!!
EliminarOjaĺá lleguen tiempos de paz!
ResponderEliminarLa paz está, sólo hay que llamarla. Besos, Isabel.
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