"MI VIDA ENTRE GALENOS"


 Al ser mi padre funcionario en aquellos tiempos, no tenía derecho a la seguridad social (paradójico, sí); las consultas médicas debían ser a médicos de cabecera (hoy, llamados médicos de familia) privados, de pago. Estas visitas periódicas se convertían en un auténtico sacrificio desde su mermado sueldo para que la salud de sus cuatro hijos estuviera siempre controlada.

No olvidaré nunca la primera vez que acudí. Era una casa preciosa con jardín, en plena avenida principal (era la única que había entonces...). Nos abrió su mujer/enfermera cuya vivienda también compartía con el consultorio. Me enamoré de ese ambiente, Era muy cálido y acogedor. Sería mi sitio perfecto para vivir cuando fuera mayor. Todo era mágico. Entrabas con alguna dolencia y salías sonriente con tu caramelo sanador.

A los 15 años, conocí a un estudiante de medicina con el que, ocho años más tarde, me casé. Montamos nuestra consulta donde yo hacía doblete como aquella señora con su marido doctor. Más tarde, compaginé este trabajo con las clases de lengua y literatura en la secundaria.

Eran dos trabajos muy opuestos a primera vista, pero tenían en común la empatía. Conocer a un paciente, recibirlo, oírlo y escucharlo es aprender la vida desde la enfermedad y su evolución hasta curarse o no. La misión de un médico no es solo la de curar el cuerpo sino creo, mucho más importante, entender las circunstancias de cada uno y contextualizar sus males en un mundo más amplio que la medicina en sí misma. Tengo que decir que el Doctor Ignacio, el que era mi marido, siempre fue y lo sigue siendo, un médico muy completo ejerciendo su adorada profesión. Cumplía y cumple con todos esos requisitos necesarios para tratar a sus pacientes y  su enfermedad. Hoy en día,  es uno de los mejores neumólogos del país y reconocido por su buen hacer y sus infinitos aciertos que han salvado tantas vidas. Su pasión siempre ha sido su profesión y su profunda formación para aprender a través del estudio constante. Mi vida laboral como ayudante en la consulta duró 25 años. Aprendí cómo transmitir diagnósticos difíciles envueltos en esa empatía tan necesaria que él sabía, sabiamente, usar. 

Mi hija le sigue a la saga, eligió la misma especialidad que su padre y lleva su mismo camino como profesional y gran persona. Hoy, a su padre y a mí, nos sigue uniendo el mismo respeto, cariño y una buena amistad. que se mantendrá para siempre.



Comentarios

  1. Qué emocionante!!!!
    Cómo he revivido todos esos momentos!!!
    Invreible como has despertado mi memoria!!!
    Cómo ha pasado en un momento todos esos años, que viví en primera persona!!
    Maravillosos años!!
    Recuerdo de estudiante las clases que Pepe Ignacio (como él quería que lo llamáramos) de la farmacología.
    Esta vez una enhorabuena tan grande como tu corazón!!!!!

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  2. Pues entre galenos nací y entre ellos viví hasta que falleció mi padre (yo contaba con casi 28)... Creo que ellos me transmitieron o me contagiaron, que nunca se sabe, un sentido de la "profesionalidad" pero con "humanidad"...

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    1. Qué completa y extraordinaria educación recibiste, tanto como tú has sido siempre.

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  3. Es para presumir de los dos!
    Yo tambien tengo un hijo medico, que estoy segura será un magnífico oncologo. Los ingredientes han sido los mismos, su esfuerzo, su principal objetivo (ayudar a la gente) la educación recibida y por supuesto la empatía que lo ha caracterizado desde pequeño. Pero estoy con Antonio, esto se contagia y se transmite de padres a hijos e igualmente se necesita también y mucho para otras profesiones, como la de mi hijo mayor. Que orgullosa estoy de ellos!!

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  4. ¡Profesionales de verdad!
    ( hermana mediana)

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  5. ¡Grandes personas con grandes corazones!
    Mi reconocimiento y agradecimiento para los dos.
    Un beso 🥰

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  6. A los dos, contigo pendiente de cada detalle de sus vidas, los felicito por haberte tenido tan cerca.

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